Si amas, sufres. Si no amas, enfermas

La frase “Si amas, sufres. Si no amas, enfermas” es una de las más populares de Sigmund Freud.

En el amor se ponen en juego múltiples formas de sufrimiento, que van desde el amar y no ser amado, hasta el descubrir que el amor no soluciona todo. Por una o por otra vía, no hay manera de amar sin sufrimiento. ¿Por qué ha de ser así? ¿Por qué el amor no conduce a la felicidad, sin más? ¿No es acaso una posición “masoquista” pensar de esa manera?

Cuando una persona tiene dificultades para establecer vínculos de amor con los demás, se vuelve muy vulnerable emocional y mentalmente. El hermetismo, el encierro obsesivo en uno mismo, la dificultad para comunicar a otros lo que uno siente o piensa, son señales de que las cosas no van por buen camino.

Tendemos a esperar de los demás, como mínimo, lo mismo que les hemos dado: esto nos trae sufrimiento, ya que pocas veces nos sentimos correspondidos. Sentiremos frustración o que nos utilizan, ya que no han sabido devolvernos tanto como esperábamos de ellos.

En muchas ocasiones, lo que nos motiva a dar algo a los demás, es un interés por su bienestar. Queremos que estén bien, que no les falte de nada, etc… En principio, podríamos afirmar que no pretendemos nada más, que no buscamos nada más.

Sin embargo, en aquellas situaciones en las que nos encontramos mal o nos hace falta un apoyo, al percibir esta falta de respuesta, nos sentimos aún más tristes. Ahora, cuando necesitamos una mano, nadie está dispuesto a echárnosla cuando nosotros, previamente, no hemos dudado en hacerlo. De esta manera, empezamos a pensar que lo que obtengamos es independiente de lo que ofrezcamos.

El amor consciente, maduro y auténtico necesita compromiso. Las personas construimos vínculos con los seres que amamos: con nuestros hijos, con nuestros amigos y parejas. Esos vínculos se basan en una seguridad afectiva y estable que no debe cambiar según el día, el estado de ánimo o nuestras prioridades.

Algo que también debemos tener en cuenta es que cada persona entiende y vive el amor de una manera diferente. No obstante, ambas partes deben llegar a un equilibrio donde exista armonía, en el que nadie pierda y solo gane uno.

Hablemos de amor verdadero, pero de ese amor sin envoltorio, sin artificios ni romanticismos. El auténtico y el que es capaz de perdurar en el tiempo aportando una felicidad sincera, una cotidianidad enriquecedora donde la pareja, puede crecer personalmente y en conjunto.

¿Existe el amor verdadero? Desde luego que sí, pero no debemos tener como referencia el mundo del cine o de la literatura, estamos seguros de que a tu alrededor, o puede que incluso tú mismo, lo estés viviendo. Si es así, estamos seguros de que ya conoces el secreto: el esfuerzo, la dedicación por construir día a día esa relación, ahí donde ambos miembros son capaces de hacer equipo y aportar sus energías por igual.

Porque en ocasiones, el amor por sí solo no basta. No importa la pasión, la atracción o ese sentimiento que nos ciega y nos desborda. Una relación saludable necesita algo más que todo esto para ser auténtico y perdurable.

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Acerca de Georgina

Cumpleaños 18 de noviembre de 1978 / De Mollerussa, Cataluña, España
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