Entre los 2 y los 4 años… rabietas

¿A qué se deben y cómo podemos aprovecharlas para educar a nuestro hijo?

La primera adolescencia

Salvo raras excepciones, todos los niños pasan por una etapa más o menos larga de rabietas y tozudez en la que resulta muy difícil entenderse con ellos.

Tanto es así, que muchos psicólogos se refieren a ella como “la primera adolescencia”.

Este periodo se presenta entre los 2 y los 4 años y se caracteriza porque el pequeño, ante el menor contratiempo, empieza a llorar, gritar y patalear.

Sus ataques desproporcionados de rabia pueden prolongarse durante media hora y repetirse un par de veces al día, lo que hace que los padres acaben agotados y desmoralizados.

¿Sabes de qué hablamos? Para mejorar la convivencia diaria con tu pequeño, tan importante es que conozcas los motivos que le llevan a comportarse así, como las maneras más acertadas de afrontarlos.

Cuestión de inmadurez

Aunque tú sigas viéndole muy chiquitito, tu hijo ha dejado de ser un bebé grande para convertirse en una niña o un niño pequeño que ya no te necesita tanto: puede desplazarse de forma autónoma, comer solo, hacer que sucedan cosas a su alrededor…

Él se da cuenta de sus muchas capacidades y esto le produce una sensación de poder y control que le encanta, pero que le lleva a confundirse: cree que la manera de reafirmar su personalidad es oponiéndose a todo lo que le dices. Por eso te desobedece, te contesta mal… ¡y se enrabieta!

Además, igual que ocurre en la adolescencia, a ti ya no te ve como una mamá buena que le apoya en todo, sino como una madre que le marca límites y le prohíbe hacer lo que se le antoja. ¡Como para no protestar!

A todo este cúmulo de sentimientos y emociones se une que tu pequeño aún no maneja el lenguaje lo bastante bien como para poder expresar con palabras sus vivencias internas. Otro motivo por el que en lugar de decir “estoy enfadado” o “no me apetece nada lo que me pides”, opta por los gritos y el pataleo.

La tercera razón de las rabietas infantiles es la intolerancia de los pequeños a la frustración: no pueden soportar que algo que se han propuesto les salga mal.

Claves para intentar prevenirlas

Que la etapa de las rabietas sea normal y no indique nada extraño en la evolución de los pequeños no implica que tengamos que pasarnos el día luchando con ellos.

  • Procura que lleve una vida ordenada. Las rutinas evitan que acumule rabia porque convierten en automáticos los momentos más difíciles del día: dejar de jugar para comer, salir de la bañera cuando está entretenido…
  • Convierte vuestro hogar en un lugar seguro para él. Así te ahorrarás dos problemas: tener que prohibirle cosas de continuo y vivir en vilo por si se hace daño.
  • Utiliza expresiones menos prohibitivas. A lo largo del día, sustituye algunos de tus “noes” por palabras como “¡para!” o “¡dentro de un rato!”. Le frustrarán menos.
  • Ten en cuenta su opinión en aspectos banales. Por ejemplo, permítele elegir el color de la ropa que vas a ponerle. Esto reforzará su ego y le ayudará a tolerar que en otras ocasiones no le dejes decidir.
  • No conviertas su día en una vorágine de actividades. Los niños necesitan tiempo para jugar a su aire, para estar tranquilos e incluso para aburrirse.
  • Cuida la forma de reprenderle. Si se porta mal, critica su acción (“no me gusta que arranques las plantas”) en lugar de a su persona (“¡qué desobediente eres!”). Así no se sentirá mal consigo mismo ni pensará que le rechazas y tendrá menos necesidad de estallar.
  • Evita las situaciones extremas. ¿Está agotado? No te vayas a hacer la compra con él, seguro que podéis arreglaros con lo que tenéis en casa. ¿Tiene sueño? Acuéstale antes de lo habitual, hoy necesita descansar más.
  • Distráele con otra cosa. Si se ha empeñado en vaciar el cubo de la basura y está a punto de enrabietarse porque no le dejas hacerlo, distráele con algo que sabes que le encanta, como ponerse su disfraz de Spiderman. Recuerda que este truco sólo funciona si eres muy rápida y si le hablas y actúas de un modo muy convincente.

Pautas de actuación ante una rabieta

Habrá ocasiones en las que a pesar de poner en práctica las medidas anteriores, no podrás evitar que tu hijo se enrabiete. Ante esta circunstancia debes intentar mantener la calma (para ello, respira profundamente y cuenta hasta diez).

Después, aplica las técnicas que te explicamos ahora. No te desanimes, porque no todas funcionan a la primera ni con todos los niños. Tendrás que ir probando al menos un par de veces hasta ver cuál es la más efectiva con tu pequeño.

  • Quedarte a su lado, evitando que se golpee con algo. Si esperas así a que se calme, le harás ver que te interesa lo que le pasa, pero que no vas a ceder ante su pataleta.
  • Hablarle con calma y firmeza. Cógele por los hombros, mírale a los ojos y dile en tono cariñoso pero firme: “así no”. Tu voz y tu mirada le convencerán de que hablas en serio y tus manos sobre sus hombros le recordarán que le sigues queriendo, lo que le ayudará a calmarse.
  • Cambiarle de entorno. Por ejemplo, si no logras sacarle de la piscina y lleva mucho tiempo en remojo, llévatelo a esa otra zona donde hay unos niños jugando al fútbol. Ver cómo corren y cómo chutan la pelota le hará olvidarse del agua… y de la rabieta.
  • Utilizar la “pausa obligada”. Esta táctica también suele funcionar, sobre todo cuando da el espectáculo delante de mucha gente. Llévale unos instantes a una zona alejada de todos (un minuto por cada año de edad), donde no pueda hacerse daño, para que se desahogue, se vaya calmando y, por último, reflexione sobre su actitud.

De cualquier modo, no intentes razonar con el niño mientras está enrabietado: no te escuchará y os pondréis más nerviosos. Y, eso sí, una vez que se haya calmado, abrázale o acaríciale y emprended juntos una actividad que le guste. La rabieta debe quedar olvidada.

Durante este periodo tendrás que armarte de paciencia y pensar que tu hijo no se enrabieta para fastidiarte, sino porque no sabe expresar de otra manera las emociones que siente. Repítete muchas veces que sus espectáculos serán cada vez menos habituales y que esta forma de desahogarse también tiene sus aspectos positivos.

Las rabietas sólo son negativas y persisten en el tiempo si cedes ante ellas y tu hijo aprende a utilizarlas para salirse siempre con la suya.

Hay niños más propensos a sufrirlas

Algunos pequeños son más propensos que el resto a enrabietarse y a prolongar esta manera de reaccionar tan inmadura más allá de los 4 años.

  • Los niños más que las niñas. Es consecuencia de los elevados niveles de testosterona, que les hace ser más “brutos” en todo, también en su modo de expresar sus sentimientos.
  • Los pequeños demasiado consentidos, a los que no se les ponen límites nunca.
  • Los que están pasando por una situación difícil y estresante (el divorcio de los padres, la muerte de un familiar cercano…) y se sienten desorientados, inseguros y ansiosos.
  • Los hijos de padres separados que no logran entenderse y utilizan a los pequeños para hacerse daño mutuamente.
  • Los niños que han estado o están enfermos, si sus progenitores, con su mejor intención, acceden a todos sus caprichos.
  • Los niños muy perfeccionistas, porque ante cualquier pequeño fallo se frustran.

El lado positivo de las rabietas

Los especialistas coinciden en que, a pesar del mal rato que nos hacen pasar a todos, las rabietas son muy positivas para el desarrollo de los niños.

  • Les ayudan a liberar la tensión que han acumulado a lo largo del día, lo que se traduce en una posterior sensación de calma y de relajación.
  • Son una manifestación de que los pequeños están madurando, tienen sus propias opiniones y quieren imponerlas.
  • Demuestran que los niños se están independizando de sus progenitores psicológicamente, algo imprescindible para que puedan crecer a todos los niveles (emocional, físico, intelectual…).
  • Indican que han establecido un apego sano con sus padres. Si no estuvieran seguros de su amor, no se enrabietarían tanto con ellos.

 

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Acerca de Georgina

Cumpleaños 18 de noviembre de 1978 / De Mollerussa, Cataluña, España
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Una respuesta a Entre los 2 y los 4 años… rabietas

  1. Georgina dijo:

    De este articulo de “Crecer feliz” me quedo con:

    * Quedarte a su lado, evitando que se golpee con algo. Si esperas así a que se calme, le harás ver que te interesa lo que le pasa, pero que no vas a ceder ante su pataleta.

    * Convierte vuestro hogar en un lugar seguro para él. Así te ahorrarás dos problemas: tener que prohibirle cosas de continuo y vivir en vilo por si se hace daño.

    * Hablarle con calma y firmeza. Cógele por los hombros, mírale a los ojos y dile en tono cariñoso pero firme: “así no”. Tu voz y tu mirada le convencerán de que hablas en serio y tus manos sobre sus hombros le recordarán que le sigues queriendo, lo que le ayudará a calmarse.

    * Distráele con otra cosa. Si se ha empeñado en vaciar el cubo de la basura y está a punto de enrabietarse porque no le dejas hacerlo, distráele con algo que sabes que le encanta, como ponerse su disfraz de Spiderman. Recuerda que este truco sólo funciona si eres muy rápida y si le hablas y actúas de un modo muy convincente.

    * Evita las situaciones extremas. ¿Está agotado? No te vayas a hacer la compra con él, seguro que podéis arreglaros con lo que tenéis en casa. ¿Tiene sueño? Acuéstale antes de lo habitual, hoy necesita descansar más.

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