Cuentos de Oscar Wilde

El príncipe feliz

El protagonista de la historia es la estatua dorada de un príncipe llena de valiosos adornos, que se encuentra en lo alto de una columna desde donde puede ver toda la ciudad; y una golondrina, que ha retrasado su migración a Egipto por haberse enamorado de un junco. La golondrina se posa sobre la estatua y ve que el príncipe está llorando a causa de las injusticias que puede observar desde su posición, pues cuando vivía siempre le hicieron creer que todo el mundo era feliz y le habían ocultado que también había gente que tenía problemas, y ahora desde allí arriba podía ver la triste realidad, realidad que es confirmada por la golondrina de la cual se hace gran amigo de ella día a día, pues le ayudara en su misión de ir ayudar a los más necesitados. Entonces le pide a la golondrina que arranque y entregue a los más necesitados las joyas que le adornan. El ave así lo empieza a hacer y al final se queda con el príncipe ayudándolo en su misión de ayudar a los más desfavorecidos, distribuyendo las joyas hasta que al final la estatua queda completamente desprovista del oro y adornos. Pero el invierno recrudece y la golondrina, a causa del frío, muere besando al príncipe en los labios. Al ver esto, el corazón de la estatua se rompe. Al poco tiempo, el alcalde de la ciudad observó el estado deteriorado de la estatua, y da orden de que sea retirada y fundida. Sin embargo, el corazón del príncipe no se funde en el horno, y lo arrojan al basural, donde descansa también el cadáver de la golondrina. Estos son tomados al cielo por un ángel que les ha considerado las dos cosas más preciosas de la ciudad por Dios, para que puedan vivir para siempre en su ciudad de oro y el jardín del paraíso.

El ruiseñor y la rosa

La historia trata de un joven estudiante enamorado de una chica (Hija de su profesor). Necesitaba una rosa roja para impresionarla y que así ella fuera al baile con él. Sólo tenía rosas blancas en su jardín, entonces se puso a llorar. Un ruiseñor le vio y este, ilusionado con la idea de que el joven pueda encontrar el amor verdadero, toma la decisión de ser torturado toda la noche cantando a la luz de la luna y sacrificar su vida para entregar su sangre a un rosal seco que estaba en la ventana del estudiante, para que naciera una rosa roja. El joven al despertarse al otro día y al mirar a su ventana, se emociona y toma la rosa, que más tarde se la lleva a la chica, pero esta lo rechaza argumentando que ya otros le habían dado mejores regalos (Como el Hijo del Chambelan) y que esa rosa era común y sin valor. Pues al parecer a la bella dama solo le importaban las apariencias y los bienes materiales.

El gigante egoísta

El gigante egoísta posee un hermoso jardín. Unos niños aprovechan que el gigante va de visita a casa de un ogro para disfrutar de su jardín. Cuando una tarde el gigante regresa, sorprende a los niños; los echa y construye un muro para evitar que vuelvan. Pero, sin los niños en el jardín reinó la tristeza. Los árboles no daban flores ni frutos, los pájaros no trinaban y no hubo ya primavera en él. Solo inviernos. Pasado el tiempo, los niños entraron al jardín por una abertura y todo el lugar reverdeció. El Gigante quedó maravillado y pensó que había sido egoísta; derribó el muro y él mismo invitó a los niños a jugar. A poco notó a un muchacho muy pequeño que no podía trepar a un árbol y que se sentía desdichado. El Gigante ayuda al muchacho a trepar a un árbol al que quiere subir, y el niño, agradecido, le besó. Tras ello, el gigante anunció: «Desde ahora, éste es vuestro jardín, queridos niños», y derribó, como se había propuesto, el muro. Los niños, a partir de entonces, juegan y se divierten libremente en el jardín. Pero no así el niño al que el gigante ayudó y al que más cariño tomó; no lo volvió a ver. Muchos años más tarde, el gigante es viejo y débil, y despierta, una mañana de invierno, para ver los árboles en una parte de su jardín en plena floración. ¡Y cuál fue su sorpresa al descubrir al niño que tanto deseaba volver a ver, bajo un hermoso árbol blanco! Pero el niño estaba herido, y el gigante, furioso ante la idea de que alguien le hubiera hecho daño, le dijo: —¿Quién se atrevió a herirte? —pues en las palmas de sus manos se veían las señales de dos clavos, y las mismas señales se veían en los piececitos. —¿Quién se ha atrevido a herirte? —gritó el gigante—. Dímelo para que pueda tomar mi espada y matarlo. —No —replicó el niño—, pues estas son las heridas del amor. —¿Quién eres? —dijo el gigante; y un extraño temor lo invadió, haciéndole caer de rodillas ante el pequeño. Y el niño, que en realidad era Jesucristo, sonrió al gigante y le dijo: —Una vez me dejaste jugar en tu jardín. Hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el Paraíso.

Y esa tarde los niños encontraron al gigante muerto bajo el árbol, cubierto de capullos blancos.

El fantasma de Canterville

Una familia estadounidense adquiere el castillo de Canterville, en un hermoso lugar en la campiña inglesa a siete millas de Ascot, en Inglaterra. Hiram B. Otis se traslada con su familia al castillo, pero Lord Canterville, dueño anterior del mismo, le advierte que el fantasma de sir Simon de Canterville anda en el edificio desde hace no menos de trescientos años, después de asesinar a su esposa lady Eleonore de Canterville. Pero el Sr. Otis, estadounidense moderno y práctico, desoye sus advertencias. Así, con su esposa Lucrecia, el hijo mayor Washington, la hermosa hija Virginia y dos traviesos gemelos, se mudan a la mansión, burlándose constantemente del fantasma debido su indiferencia ante los sucesos paranormales. El fantasma no logra asustarlos, y más bien pasa a ser víctima de las bromas de los terribles gemelos y en general, del pragmatismo de todos los miembros de la familia, por lo que cae en enojo y depresión, hasta que finalmente, con ayuda de Virginia (quien se apena por el fantasma), logra alcanzar la paz de la muerte.

 

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Acerca de Georgina

Cumpleaños 18 de noviembre de 1978 / De Mollerussa, Cataluña, España
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